Vega de Liébana

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Liébana

En el Sur de la comarca lebaniega, y en las tierras que llegan al fondo hasta el puerto de San Glorio y Peñaprieta, se encuentra otro de los territorios singulares de la vieja Merindad que se denominó desde la Baja Edad Media el Valle de Cereceda, en el que se formaron cerca de una veintena de lugares por el asentamiento de pobladores, quizás como consecuencia de la repoblación del territorio que tuvo lugar en el reinado de Alfonso I. El proceso histórico de estos lugares discurrió por el mismo camino que el de los restantes valles de la tierra lebaniense, constatándose a través de las escrituras que hasta nosotros han llegado, de los Cartularios de Santo Toribio de Liébana y de Santa María de Piasca, una presencia humana y una organización embrionaria con anterioridad al año 1000, tal como se constata con respecto a donaciones realizadas al Monasterio de tierras y heredades situadas en aldeas que ya por entonces existen, tal como Valmeo (951), Dobres (945), Bárago (952) , Campollo (961), Torranzo (961)...

En el Becerro de las Behetrías (1351), en el tiempo en el que ya se ha generalizado la decadencia de los señoríos de abadengo, encontramos vasallos de Santo Toribio, tal como sucede en Enterrías, Vejo y Pollayo.

Pero ya para aquel tiempo la conexión real que Alfonso XI hiciera a su hijo don Tello del Señorío de Liébana, Pernía y Campoo, había posibilitado la expansión señorial de este personaje sobre los solariegos de la mayor parte, o la casi totalidad de estos lugares, excepto Valmeo, que correspondía al obispo de Palencia.

En estas tierras probablemente se hizo patente la tensión entre los Manrique y Mendozas por la titularidad y el señorío de Liebana, que recayó finalmente en el futuro Marqués de Santillana ya que cerca de Dobres se encontraba la torre de Garci González de Orejón, a quien se obligó a hacer testamento con el cuchillo a la garganta, y de la indudable presencia de Iñigo López de Mendoza en estas tierras del Valle de Cereceda da noticia la serranilla que comienza con la referencia a la mozuela de Bores...

Consolidado el poder señorial del Marqués de Santillana sobre Liébana, y el de sus descendientes, los titulares de la casa del Infantado, aquellos concejos a lo largo de la época moderna, se constituyeron en tierras del señorío secular, tal como aún se constata en el informe de Floridablanca de 1785, gobernando los concejos los correspondientes regidores pedaneos, excepto Bárago, en donde el obispo de Palencia designaba al correspondiente alcalde ordinario.

El Catastro de Ensenada, que recoge, asimismo, cómo los pueblos y lugares de este valle de la provincia de Liébana pertenecían al señorío del Duque del Infantado, especifica la recogida de diversas clases de frutos de la tierra en los términos de estas poblaciones, y entre ellos trigo, cebada, centeno, vino y hierba, abundando la ganadería vacuna y ovina que pastaba en los prados comunales y se recogían en los invernales de los concejos.

El viejo nombre de Valle de Cereceda dio paso, al advenimiento de los ayuntamientos constitucionales, a la nueva denominación municipal del territorio, que tomó el nombre de Vega de Liébana por establecerse la capital del municipio precisamente en la Vega, junto a la unión de los ríos Frío y Quiviesa.

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